Delfi, una startup argentina, presentó un catálogo de "humanos IA": versiones digitales de personas reales que autorizaron el uso comercial de su imagen para producir campañas de moda con inteligencia artificial. Entre los rostros del book figuran el exfutbolista Maxi López, el modelo y empresario Hernán Drago y el músico Javier Calamaro. El modelo de negocio promete reducir tiempos, costos y sesiones presenciales, y al mismo tiempo abre debates sobre identidad, consentimiento y transparencia publicitaria.
Qué es un "humano IA"
Según se informó, no son avatares ficticios ni imágenes sacadas de archivos. Delfi virtualiza a personas reales que dieron su autorización para crear y explotar comercialmente su semejanza digital, a través de licencias y acuerdos con alcances definidos.
La agencia también coordina el retiro de las prendas y entrega a las marcas imágenes y videos listos para publicar. De esa forma, una firma puede mostrar una colección actual sobre un modelo digital sin convocar a una nueva sesión de fotos presencial.
Quiénes integran el catálogo
El book incluye a Hernán Drago, Maxi López, Javier Calamaro y al modelo e influencer brasileño Bruno Fernando. La propuesta no se limita a modelos de pasarela: contempla también músicos, creadores de contenido y streamers.
| Figura | Aporte al catálogo |
|---|---|
| Hernán Drago | Contenido con su apariencia actual o con una versión digital de unos 30 años |
| Maxi López | Reconocimiento masivo y perfil ligado al deporte y la vida pública |
| Javier Calamaro | Identidad asociada a la música y a estéticas más rockeras |
| Bruno Fernando | Alcance hacia influencers y contenido para redes sociales |
Ezequiel D'Amico, cofundador y CEO de Delfi, explicó que las marcas no eligen solo una imagen: también seleccionan la trayectoria y la identidad de quien protagoniza la campaña.
Cómo cambia la producción de una campaña
Una campaña tradicional implica casting, agendas, viajes, vestuario, fotografía, edición y aprobaciones. Con un cuerpo digital, la marca puede generar variantes de una misma producción (poses, fondos, prendas y formatos para comercio electrónico y redes) sin repetir todo el proceso físico.
Los entregables incluyen fotos para tiendas online, contenido para redes y videos. La empresa sostiene que esto acorta los plazos y permite lanzar campañas con más frecuencia.
Un fenómeno que ya existe en el mundo
Las figuras virtuales no son nuevas en la publicidad. Según La Nación, Lil Miquela, creada en Los Ángeles, trabajó con Prada, Calvin Klein, Samsung y Diesel, supera los 2,4 millones de seguidores en Instagram y cobra cerca de 70.000 dólares por publicación. Aitana López, influencer virtual española creada por la agencia The Clueless, reúne casi 380.000 seguidores, y su caso muestra que estos personajes pueden recomendar productos e interactuar con audiencias reales, aunque detrás haya un equipo de marketing o guionistas.
En la Argentina también apareció Cacho, presentado como el primer influencer masivo local creado íntegramente con IA. La diferencia con Delfi es de fondo: Cacho es un personaje sin persona real detrás, mientras que los humanos IA de Delfi parten de personas existentes.
Qué ventajas ven las marcas
- Escalabilidad: permite producir contenido en varios idiomas, plataformas y formatos sin depender de la agenda de una persona.
- Control creativo: la marca define el look, el mensaje, el tono y la frecuencia.
- Costos operativos: se reducen gastos de viajes, logística y producción presencial.
- Velocidad: las campañas pueden adaptarse más rápido a lanzamientos, temporadas o cambios de colección.
- Consistencia visual: el personaje mantiene una estética estable en todas las piezas.
Los puntos que generan debate
El principal desafío es la transparencia. Delfi afirma que no usa el parecido de una persona sin permiso, pero el uso comercial de clones digitales exige contratos claros sobre duración, territorios, usos permitidos, exclusividad, edición de la imagen y posibilidad de revocar la autorización. El material consultado no detalla las condiciones concretas de los acuerdos con cada figura del catálogo.
También existe el riesgo de confusión: un contenido hiperrealista puede pasar por una fotografía tradicional si no se aclara que fue generado con IA. Especialistas citados por La Nación advierten que el control total sobre el mensaje reduce ciertos riesgos, pero puede derivar en una publicidad cada vez más pulida y alejada de la espontaneidad humana.
Qué cambia para los protagonistas
El caso de Delfi plantea un cambio de modelo: no necesariamente reemplaza a los influencers y modelos humanos, sino que les permite licenciar una versión digital de sí mismos. Para las marcas, significa acceso a rostros reconocibles sin las restricciones de una sesión tradicional; para los protagonistas, una posible fuente de ingresos ligada a su imagen. Todavía no se informaron datos sobre tarifas, cantidad de campañas ni marcas que ya contrataron el servicio.
La pregunta que queda abierta es tanto tecnológica como ética y comercial: hasta dónde puede usarse la identidad digital de una persona y qué garantías necesita el consumidor para distinguir una campaña real de una producida con inteligencia artificial.
Si querés conocer más detalles sobre la empresa Delfi, podés leer nuestro artículo donde te contamos detalles sobre esta Startup Argentina Ver nota