Un análisis internacional publicado en la revista Nature Medicine el 5 de octubre de 2026 reunió datos de más de 6 millones de personas de 118 países y territorios y encontró que las mujeres declaran dolor con mayor frecuencia que los hombres en las once regiones del cuerpo evaluadas. Las diferencias más amplias se observaron en el dolor facial, la cefalea y el dolor abdominal. El estudio mide dolor autorreportado en grandes poblaciones, por lo que describe patrones y no establece una causa única de esas diferencias.

Un análisis de alcance mundial

Los autores armonizaron datos individuales de 6.125.459 participantes, provenientes de 902 fuentes de información poblacionales, como encuestas de salud y estudios realizados entre 1990 y 2025, con personas de entre 5 años y más de 100. Consideraron el dolor como la principal causa de discapacidad a escala mundial y buscaron construir, por primera vez, curvas de referencia de cómo se distribuye a lo largo de la vida y entre regiones del mundo.

Para eso evaluaron once zonas del cuerpo: cabeza, cara, cuello u hombro, pie o tobillo, mano o muñeca, codo, pecho, espalda, abdomen, cadera y rodilla. En todas ellas, las mujeres reportaron mayor prevalencia de dolor que los hombres. Los riesgos relativos fueron de entre 1,08 y 1,83 según la región, lo que significa que la probabilidad de declarar dolor fue entre un 8% y un 83% mayor en mujeres.

Dónde se marcan las mayores diferencias

Región o tipo de dolor Riesgo relativo en mujeres frente a hombres Diferencia relativa
Dolor facial1,8383% más probable
Cefalea1,7474% más probable
Dolor estomacal o abdominal1,6060% más probable

Conviene leer estas cifras con cuidado. Un riesgo relativo compara la frecuencia entre dos grupos, pero no dice cuán común es el problema en cada uno. El dolor facial, por ejemplo, fue el menos frecuente del conjunto de datos, con una prevalencia general de alrededor del 2%, mientras que el dolor de espalda fue el más común, con cerca del 40%. Es decir, una brecha relativa grande en una molestia poco frecuente puede involucrar a menos personas que una brecha menor en una molestia muy extendida.

La edad y el nivel de desarrollo también influyen

El trabajo detectó que, en ambos sexos, los aumentos más rápidos en la prevalencia del dolor ocurren antes de los 55 años, especialmente en el dolor musculoesquelético entre los 20 y los 55, aunque los niveles más altos se registraron hacia los 75 años o después. Los autores señalaron que ese período coincide con las etapas de mayores exigencias laborales, de cuidados y reproductivas.

Otro hallazgo llamativo fue que, a diferencia de lo que sugerían estimaciones previas, las personas que viven en países con menor índice de desarrollo humano tuvieron una prevalencia de dolor en la vejez casi el doble que quienes viven en países con índice alto, con una diferencia cercana a los 30 puntos porcentuales. Eso sugiere que el dolor no depende solo de factores biológicos, sino también de condiciones sociales, sanitarias y económicas.

Qué dicen los especialistas

Consultados por distintos medios, los especialistas coinciden en que no hay una explicación única. Una experta de la Universidad de Cincinnati señaló que las razones son complejas e incluyen factores biológicos, hormonales y psicosociales, y vinculó las mayores diferencias con condiciones como la migraña, los trastornos de la articulación temporomandibular y el dolor visceral, relacionadas con la etapa reproductiva. En el dolor abdominal, afirmó, influyen también condiciones que varían por sexo, como la dismenorrea, la endometriosis y el dolor pélvico. Un investigador citado por Medical News Today destacó que la diferencia apareció en todas las regiones pero con tamaños muy distintos, lo que indica que probablemente no existe un mecanismo universal.

Según Medscape, la especialista en dolor Rebeccah Slater, de la Universidad de Oxford, planteó una paradoja preocupante: las mujeres informan más dolor, pero también tienen más probabilidades de que ese dolor sea ignorado, diagnosticado tarde o tratado de forma insuficiente, lo que se conoce como la brecha de género en el dolor.

Qué no dice el estudio

El hallazgo no significa que las mujeres "sientan más" por una única razón ni que el dolor de los hombres sea menos importante. Los datos son autorreportados, por lo que reflejan posibles diferencias biológicas, pero también la percepción y el reconocimiento de los síntomas, el acceso al sistema de salud, el contexto social y las prácticas de diagnóstico. Los propios autores señalaron limitaciones: los métodos para medir el dolor no fueron idénticos entre las distintas fuentes, la cobertura fue despareja según las regiones y las edades, y los datos describen patrones de grupos de edad y no el seguimiento de personas a lo largo del tiempo. Además, las estimaciones refieren a la prevalencia en un momento o período y no distinguen el dolor crónico del agudo. Es un estudio observacional, de modo que describe asociaciones y no prueba causas.

Qué implica para la salud

Los especialistas sostienen que el dolor debe evaluarse de manera individual, sin minimizarlo por cuestiones de género, y que los resultados refuerzan la necesidad de mejorar la detección y el tratamiento del dolor en mujeres. También ponen el foco en el contexto socioeconómico, que parece incidir en la prevalencia, sobre todo en las poblaciones mayores. Esta nota es informativa y no reemplaza la consulta médica: ante un dolor persistente, intenso o que limita la vida cotidiana, lo recomendable es consultar con un profesional de la salud.